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Dice la tradición que si vemos una estrella fugaz, hay que pedirle un deseo. Pues bien, el estudio japonés Hoshinchu acaba de ampliar esa costumbre a objetos más terrenales.

Desde su taller en la isla de Kyushu, en el sur del país, ha lanzado el proyecto Air Bonsai. Basado en el poético concepto de una estrella flotante a ras de suelo, elabora bonsáis que levitan y giran como por arte de magia ante nuestros ojos.

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Cada ejemplar se compone de dos partes: la «pequeña estrella», una esfera de musgo lista para acoger el árbol en miniatura, y una «base energética» que produce el milagro.

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Con un peso máximo de 250 gramos, la esfera -que también podemos usar para trasplantar nuestra planta favorita- contiene un imán y lleva insertada una esponja para facilitar la siembra. Por su parte, la base es un recipiente de porcelana tradicional japonesa de Imari que posee otro imán interno y un mecanismo adicional que hace rotar la estrella.

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Al conectar el Air Bonsai a la corriente, el árbol flota y gira unos 2 centímetros por encima de la base, que incluye una superficie oscura con efecto espejo para aumentar la magia de la levitación magnética, ese momento en que la fuerza de repulsión entre imanes compensa la de la gravedad; el instante ideal para pedir un deseo.

Desafortunadamente, la legislación japonesa es muy estricta con la exportación de especies vegetales, por lo que solo los clientes nacionales podrán disfrutar de un auténtico bonsái.

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Como opción exótica, ofrecen un recipiente muy ligero de piedra volcánica en color gris, realizado a partir de lava solidificada del volcán Sakurajima, en el sur de Kyushu, y que puede contener la esfera o bien reemplazarla.

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En cuanto a la porcelana, hay dos opciones. Se puede optar por el modelo básico, fabricado en serie con un molde, o elegir la versión hecha a mano. En este caso, un minucioso artesano ceramista da forma y color a una creación única empleando diferentes técnicas según el diseño escogido por el cliente. Es un proceso delicado en el que la pieza se deja secar al aire durante tres meses, tras los cuales se introduce en el horno para su sellado definitivo.

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Para poner en marcha la producción, Hoshinchu inició una campaña de micromecenazgo en Kickstarter. Pedían 80.000 dólares y, a día de hoy, ya llevan recaudados más de 840.000, así que larga vida a los bonsáis voladores.


Imágenes cortesía Hoshinchu

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