El proyecto se integra en un enclave agrícola del interior de la isla de Formentera, una ubicación singular cuyas preexistencias materiales determinan algunas de las decisiones de la intervención y su inserción en el lugar.

Destaca el entramado de más de 100 años de antigüedad de muros de piedra seca que organiza los cultivos de la zona en terrazas y bancales. La vivienda se sitúa al oeste de la parcela, orientada a sur y protegida del soleamiento del oeste por una masa de vegetación, liberando así la zona más fértil de la parcela donde continuará la actividad agrícola del lugar.

La edificación, de geometría rectilínea y materialidad cerámica, se fragmenta en tres volúmenes que organizan el programa en tres bandas diferenciadas. Esta división reduce también la escala visual de la propuesta y la asemeja al tamaño de las casetas de labor típicas de la zona.

De sur a norte, el primer volumen lo compone un porche abierto y cubierto, que protege del soleamiento y se convierte en una verdadera habitación exterior. El segundo contiene el programa más público de la vivienda, sala, comedor y cocina, en un único espacio; en el tercero se articulan dos dormitorios, que ocupan la parte más privada.

Entre los volúmenes, y separándolos físicamente, se insertan franjas transversales a modo de filtro, que aportan ventilación e iluminación naturales por medio de patios de luz y retranqueos en fachada, además de alojar espacios servidores (almacenaje, baños) y servir de conexión y paso entre los distintos volúmenes.

Es precisamente el juego visual y de contraste entre los volúmenes y las franjas de servicio, entre las zonas vivenciales y los espacios de servicio, lo más acertado de esta intervención en que se percibe un bella armonía espacial y material.

Frente al porche sur de la vivienda se ubica un aljibe descubierto, a modo de alberca, que consigue que la casa sea autosuficiente en términos de abastecimiento de agua y que con su zona solada alrededor ofrece otra magnifica zona de estar exterior para los días invernales.

Techo y pavimentos se resuelven mediante bovedillas cerámicas y baldosas de terracota prensada. La cerámica se emplea también en celosías y elementos de fachada, como cabecero de cama en dormitorio principal y como grava en cubierta.

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