Pocas veces el tercer galardón de un concurso de arquitectura adquiere más notoriedad que el ganador. En este caso, está justificado: se trata de un audaz planteamiento para la ciudad noruega de Åndalsnes, obra del estudio sueco Jagnefalt Milton. Su propuesta es una serie de edificios rodantes que aprovechan unas viejas líneas férreas en desuso. Arquitectura móvil de pequeña escala que se integra en el paisaje sin voluntad de transformarlo.

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