El estudio uruguayo MASA Arquitectos propone en su Casa Marindia una vivienda con vocación camaleónica. Situada dentro de una antigua zona balnearia al este de Montevideo, en la localidad costera que le presta su nombre, su geometría destaca en un paisaje natural que puede integrar o del que puede aislarse a voluntad.

Con un esqueleto rectangular de hormigón, las paredes exteriores más largas ofrecen el secreto para difuminar los límites de la construcción: unos paneles deslizantes de vidrio cubren toda la parte trasera y buena parte del extremo opuesto. La casi absoluta transparencia que otorgan a la casa se modula mediante una batería de puertas correderas a modo de enormes contraventanas. Fabricadas con listones verticales, excluyen o incorporan la naturaleza mediante un sencillo gesto.

Al cerrarse, estas barreras de madera filtran la luz solar que llega al interior, mientras que una vez abiertas dan acceso a un porche que amplía el horizonte habitable de la residencia. En la entrada principal, este sistema se alterna con bloques de hormigón pintados en blanco para dar privacidad a la zona de descanso.

En cuanto a la distribución interna, un pasillo atraviesa el edificio, dando acceso a los dormitorios, el baño y la cocina-comedor-sala de estar, un área muy amplia que puede abrirse al exterior en ambos lados. Los suelos de hormigón pulido enlazan con unos techos grises en el mismo material sin tratar a través del blanco riguroso de las paredes.

Por su parte, el mobiliario contemporáneo en colores claros resalta la luminosidad interior en cada una de las estancias, donde la sofisticación tecnológica y la riqueza de texturas contrasta con la linealidad primaria de la arquitectura exterior.

Es precisamente su diseño tan simple uno de los atractivos de la Casa Marindia. Los paneles de madera pueden mostrarse como un todo uniforme, o bien abrirse por secciones, revelando la intimidad habitación por habitación. En palabras de sus creadores, «la envoltura es un filtro que difumina los bordes, un velo capaz de abrirse de par en par, dejando entrar la naturaleza en la domesticidad del hogar».

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