Contemplando el exterior de la Casa en Chayagasaka, obra del estudio Tetsuo Kondo Architects, a uno le viene a la mente ese viejo debate entre forma y fondo, tan presente en todas las disciplinas artísticas.

A primera vista, la fachada ofrece una acumulación divertida (y algo caótica) de bloques metálicos. Esta disposición lanza ya de por sí un mensaje dinámico con vocación de ruptura con lo establecido. De hecho, es el interior lo realmente asombroso.

Kondo diseñó esta residencia privada para una joven pareja y sus dos hijos pequeños. Ubicada cerca de una nueva estación de metro, está dentro de una zona en desarrollo en la gran ciudad de Nagoya. Una de las exigencias de los padres era disponer de varias áreas comunes para disfrutarlas todos juntos, ya que por sus trabajos veían poco a los niños. El arquitecto japonés llevó esto al extremo, construyendo ¡una casa con una sola habitación distribuida en dos plantas!

El gran reto era obtener un equilibrio entre zonas conectadas y separadas. En este caso, las interrelaciones se crearon mediante un sistema de cajas apiladas del tamaño de una habitación normal y con formas variables. Así pues, para lidiar con este enorme espacio abierto, hubo que pensar muy bien la disposición de alturas, estructuras, iluminación natural, circulaciones entre bloques, terrazas internas y otros muchos elementos.

La aparente ausencia de orden genera, sin embargo, áreas multifuncionales que serán de mucha utilidad conforme los niños crezcan. De este modo, se opta por una arquitectura no estanca, que da bastante más libertad en cuanto a futuras transformaciones de uso de los espacios.

La colocación estratégica de los ventanales hace que el área interior resulte muy luminosa. Así mismo, la presencia absoluta del color blanco, junto a las formas estilizadas de las barandillas y las escaleras de acceso a las distintas secciones del piso superior, multiplica visualmente la superficie real.

El falso agrupamiento caótico de los bloques exteriores hace surgir, a su vez, zonas en voladizo o totalmente abiertas, aprovechadas como jardín o patio cubierto. En definitiva, una distribución ingeniosa en tan solo 97 metros cuadrados que saca el máximo provecho a cada uno de sus volúmenes.

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