La extrema blancura de la Casa Brotero no pasa desapercibida en un barrio lisboeta lleno de pequeños edificios. Sin embargo, los autores del proyecto –el estudio phdd arquitectos, ubicado en el distrito de Belém– pusieron un especial cuidado en integrar la vivienda en este entramado de construcciones tradicionales. Para ello, incluyeron elementos típicos de la zona, como unas ventanas de tamaño estándar enmarcadas con piedra local o un tejado a dos aguas.

Pero esta casa portuguesa es mucho más que eso. El volumen expuesto a la calle, donde se integran varias habitaciones, se une a un segundo a modo de gran pared, generando así un singular espacio sin aberturas. De hecho, los dos núcleos vertebradores de la Casa Brotero pasan desapercibidos desde el exterior.

Por un lado, las zonas sociales se abren a un amplio jardín en la parte trasera, que está presidido por un frondoso jacarandá. Aquí, la incorporación de acristalamientos deslizantes de suelo a techo asegura una abundante iluminación. Así mismo, al proyectar la conexión entre los citados volúmenes, se diseñó un patio interior para llevar la luz natural al centro del edificio. En realidad, estas dos características ocultas para el viandante constituyen los principales atractivos de la vivienda.

El tronco del gran jacarandá no bloquea las vistas desde el salón-comedor o la cocina de la planta baja, mientras que su copa aporta privacidad a los dormitorios del primer piso, que alberga también dos estancias adicionales orientadas al este.

Como remate, la última planta se convierte en una terraza multifuncional. Unos techos poliédricos de hormigón, acabados en blanco, crean zonas de sombra para disfrutar a cualquier hora de las diferentes panorámicas. Su distribución diáfana también le permite transformarse en un refrescante punto de reunión familiar al acabar el día.

Con una superficie total de 360 metros cuadrados, esta creación del estudio fundado en 2010 por Pedro Homem y Domingos Domingues aprovecha la morfología de las casas vecinas con el fin de obtener el equilibrio justo entre un entorno abierto y la necesaria intimidad. Un enfoque sencillo, libre de cualquier aparatosidad, pero que resulta tremendamente eficaz.

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