Es casi imposible no reconocer a primera vista un edificio de Aires Mateus. El estudio de arquitectura lisboeta ha ido forjando a lo largo de su trayectoria unas señas de identidad tan claras que constituyen ya un estilo propio.

Firmes defensores del espíritu minimalista, combinan formas geométricas básicas con un toque rabiosamente contemporáneo en los volúmenes de fachada y la distribución interior. De este modo, consiguen estéticas sobrias, equilibradas, en armonía con el entorno, pero impactantes a la vez.

Por supuesto, otra de sus contantes es el uso masivo del color blanco, un empleo que se ha llevado al extremo en el complejo turístico de Bom Sucesso. Situado cerca de la ciudad medieval portuguesa de Óbidos, este ambicioso proyecto pretende edificar un total de 601 casas de la mano de 23 arquitectos de renombre. Para lograr una unidad formal, cada estudio ha de respetar una serie de reglas, como que todos los tejados deben de cubrirse con vegetación para mimetizarse lo mejor posible con el paisaje.

En concreto, el planteamiento de Manuel Aires Mateus supuso la construcción de una serie de muros de diferentes proporciones para delimitar espacios. La definición de las distintas zonas viene así marcada por el trazado de las paredes, que acotan cada rango de privacidad. Son los propios bloques aislados los que van transformando los patios y los jardines de cada parcela en áreas interiores, cubiertas por los techos verdes mencionados anteriormente.

Aunque siempre siguiendo una geometría rectangular, los muros presentan una gran variedad en cuanto a dimensiones, siendo unas veces gruesos bloques con rotundidad monolítica y otras meros tabiques separadores. Sin embargo, todos estos elementos aislados se unen mediante ventanas y puertas acristaladas de suelo a techo, una solución que inunda las casas de luz natural.

En este festival de la línea recta, algunas de las paredes internas se rebajan en altura para dinamizar las áreas de paso y evitar zonas de sombra. Así mismo, varias estancias carecen de puerta a fin de acentuar el valor escultórico de la obra.

La blancura absoluta dentro y fuera de las viviendas comparte protagonismo con el equilibrio de huecos y volúmenes sólidos en otra apuesta singular del equipo luso.

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