La Casa LLP, diseñada por el estudio catalán Alventosa Morell Arquitectes, en un buen ejemplo de construcción eficiente adaptada a los condicionantes particulares del terreno.

Situada en la sierra barcelonesa de Collserola, se amolda bien a la topografía en pendiente de la parcela. La marcada inclinación del 30 % no supuso un obstáculo para esta obra, una vez tomada la decisión de alterar el medio natural lo menos posible.

Además, las clientas –dos hermanas– deseaban una casa bioclimática en la que poder vivir juntas, pero respetando su independencia al mismo tiempo. Por tanto, los arquitectos se centraron en maximizar el rendimiento térmico y ambiental, siguiendo los pasos para lograr una casa pasiva.

La adaptación al terreno sin casi modificar la superficie original se consiguió mediante la colocación de dos únicos muros de contención, paralelos a las líneas de contorno. Actúan eficazmente como soporte de una construcción ligera de madera que incluye cinco paredes perpendiculares a los muros de hormigón. Estas divisiones sirven para organizar las habitaciones en una disposición simétrica, de forma que cada hermana tenga dos dormitorios, un salón-comedor, baño, cocina y una terraza privada al aire libre.

La estructura en madera se proyecta en voladizo en busca de las excelentes vistas del lado sur a la sierra. Aquí, cuatro terrazas cubiertas y un extenso acristalamiento garantizan el confort térmico, mientras que en la cara norte la extensa abertura en el techo asegura una iluminación interior abundante y la captación del calor del sol en invierno.

Para ahorrar en calefacción y aire acondicionado se incorporaron elementos extra, como un tejado vegetal, que se integra en el paisaje y aporta una gran resistencia térmica. Por su parte, la ventilación natural se potenció con la fachada de listones de madera.

En el balance total de la Casa LLP no hay que olvidar el diseño interior, marcado por unas habitaciones blancas diáfanas, muy luminosas, con techos y suelos de madera. La utilización de materiales naturales contribuye al bienestar global, así como a alcanzar los estándares de una «passivhaus». En concreto, la eficiencia térmica lograda permite que la demanda de calefacción se sitúe en solo 9 kWh/m2 año, frente a los 15 de una casa pasiva clásica.

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