Helen Levi es una ceramista neoyorquina con una historia un poco atípica. Aunque la alfarería siempre le había apasionado desde niña, finalmente optó por estudiar fotografía en su ciudad natal. En 2013, con su diploma bajo el brazo, su futuro se presentaba algo incierto: había dejado su trabajo de camarera y los dos centros donde daba clases de cerámica terminaron bajando la persiana definitivamente.

Fue justo entonces cuando conoció al diseñador de moda Steven Alan en un evento en una de sus boutiques. Un amigo común le había comentado que Helen era fantástica haciendo cuencos y jardineras, así que le encargó algunos artículos para su primera tienda dedicada a la decoración del hogar. Este primer pedido fue el comienzo de una exitosa evolución.

Hoy en día, su nombre se asocia a toda una serie de recipientes hechos a mano que se inspiran en la naturaleza, siendo los remolinos su particular marca personal. Como todo trabajo artesano, requiere mimo y mucha paciencia. Hasta una de sus humildes tazas conlleva una elaboración que puede prolongarse durante diez días.

Aunque ya partía de una buena base de conocimientos, Helen ha tenido que aprender nuevas técnicas para ir desarrollando su negocio, como la producción de series o la promoción de su trabajo en Internet, donde cuenta con una tienda en línea y miles de seguidores.

El vivo colorido de sus piezas es otra de sus señas de identidad, bautizadas con nombres tan sugerentes como Océano, Celestial o Calamar, que evocan todo un mundo de tonos, texturas y formas. Y es que a esta artista inquieta le gusta experimentar con nuevos materiales para incorporarlos a sus esmaltados.

A pesar de que solo han transcurrido cinco años desde el despegue de su carrera, el amor por su oficio la ha llevado a distribuir sus creaciones en diversas tiendas especializadas de Estados Unidos, así como a colaborar periódicamente con figuras destacadas de campos tan diferentes como la restauración o la alta costura.

Así pues, parece que nada se le resiste a esta hija del East Village, que desde su taller de Brooklyn sigue horneando sus diseños bajo la atenta mirada de su perro Billy.

Imágenes gentileza Helen Levi.

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