La buena arquitectura busca siempre un diálogo fluido con el medio natural sobre el que se asienta. El juego con las dimensiones y las perspectivas, la buena elección de materiales y la integración total en el paisaje marcan el camino hacia un excelente trabajo. Algo que podemos admirar en la casa Bosc d’en Pep Ferrer, que domina la amplia parcela que le da nombre junto a la playa de Migjorn, en el sur de la isla de Formentera.

Con diseño del arquitecto local, queda incorporada a un entorno vegetal roto tan solo por la silueta circular de la Torre des Pi des Català, un pequeño enclave defensivo del siglo XVIII.

El proyecto se inició «esculpiendo» la roca que aflora en la parcela. Así se obtuvo una planta inferior monolítica, un espacio arquitectónico sobre el que reposan tres módulos paralelos construidos en seco. La alternancia de estas airosas estructuras y los vacíos, así como la sucesión de patios y pasarelas de conexión, le proporcionan un notable dinamismo y una iluminación natural excelente.

El diseño tuvo además un colaborador artístico inesperado, ya que al realizar los trabajos de excavación se encontró una cueva natural en el patio de acceso principal. La integración posterior en el conjunto aporta un carácter único a un trazado ya de por sí peculiar.

La casa se organiza en tres niveles. Dada la presencia del sustrato rocoso, el inferior no precisó de muros de contención, tan solo de una ligera estructura de hormigón sobre la que descansan los bloques rectangulares de la planta superior. Castelló juega en todos los rincones del edificio con la difuminación de barreras entre interior y exterior. El abundante acristalamiento, la roca vista y un revestimiento de madera que envuelve amplias zonas de la vivienda contribuyen a potenciar esas sensaciones.

Con un criterio de bioconstrucción muy claro, se primó el uso de materiales naturales: gravas de la propia excavación, madera de pino y abeto, piedra caliza, mármol blanco, paneles de algodón reciclado… De este modo, se incorporaron sistemas bioclimáticos pasivos, como los cerramientos permeables al vapor de agua, muy eficaces en climas como el de la isla y que disminuyen el gasto energético diario.

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