La Villa Gudbrand, situada cerca de la ciudad olímpica noruega de Lillehammer, es un claro ejemplo de tenacidad arquitectónica. Esta casa familiar de tres plantas le levanta imponente en una zona con una larga tradición rural de construcciones típicas escandinavas. Esto hace que las normas de edificación sean muy estrictas, ya que se pretende conseguir una uniformidad estética en cada nueva vivienda propuesta.

Sin embargo, el estudio Jensen & Skodvin Architects –responsable del proyecto– pretendía crear algo menos uniformador sin socavar las exigencias locales. Así pues, diseñó la villa usando la tipología de granero al uso en la región, dando protagonismo al entramado de vigas y a los revestimientos de madera.

A pesar de estos esfuerzos, el diseño original fue rechazado por las autoridades urbanísticas de Gudbrandsdal. Lejos de desanimar al cliente y al equipo de arquitectos de Oslo, esta decisión fue una inyección extra de motivación para sacar el proyecto adelante. Tras varias apelaciones sin éxito, la insistencia y los argumentos usados para rebatir las negativas hicieron que el caso lo juzgaran en última instancia los políticos locales, que acabaron aprobando la construcción. Este largo camino hacia el éxito se prolongó desde 2011 hasta 2014, pero el resultado valió la pena.

La Villa Gudbrand saca partido a su ubicación privilegiada mediante una profusión de ventanales en cada uno de sus tres niveles. Esta abundancia de paredes acristaladas permite disfrutar de amplias panorámicas sobre los espacios naturales e ilumina todo el interior de la vivienda incluso en los días más oscuros.

Por su parte, la sólida estructura principal de vigas es independiente y queda bien patente tanto en el exterior como en muchas de las habitaciones. Ese tono natural de la madera contrasta con los tablones de contrachapado oscuro escogidos para las paredes exteriores y el tejado. Esta espléndida alternancia de colores sigue en el interior, contribuyendo a enriquecer la decoración de un modo muy sencillo.

Así mismo, el equipo capitaneado por Jan Olav Jensen dio preferencia a los espacios abiertos para potenciar la sensación de libertad e integración en el paisaje que rodea esta casa de 630 m2. Por último, cabe destacar las originales escaleras aéreas que comunican las plantas, un ejemplo más de la destreza nórdica en el mundo de la carpintería.

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