¿Cometas, cintas al vuelo, animaciones por ordenador? ¿Pintura abstracta, tal vez sueños trasladados al papel? Todas esas percepciones es capaz de provocar «Ornitografies», la serie fotográfica del catalán Xavi Bou (1979).

Sin embargo, estas obras nacen de la pasión del autor por la naturaleza y más concretamente por las aves. Las largas caminatas de la infancia con su abuelo le enseñaron a captar la belleza de ciertos momentos que para muchos pueden pasar desapercibidos.

Aunando técnica y creatividad, Bou engaña a nuestros sentidos y fabrica imágenes que desafían nuestra percepción. Lo que en realidad son aleteos congelados en el tiempo parecen cobrar una nueva dimensión casi onírica, algo que nos transporta muchos años atrás, cuando oteábamos cada nuevo suceso con el asombro infantil de la primera vez.

Ornitografías ancla el movimiento de los pájaros al volar, pero de una forma muy particular. Las imágenes no se podían conseguir mediante una larga exposición, pues llegaría un momento en que el ave desaparecería de la foto. Por lo tanto, había que recurrir a otro método, que resultó ser una versión evolucionada de la cronofotografía, muy popular en la época victoriana. De este modo, la sucesión de imágenes superpuestas dan a luz una nueva realidad, capturando en un solo instante algo invisible para el ojo humano.

El vuelo de las aves se convierte así en una especie de poesía visual, un movimiento orgánico que nos produce curiosidad porque el cerebro no es capaz de identificar las ondas que estamos mirando. Las ornitografías nos obligan a intentar desentrañar el misterio oculto en cada toma, más allá de la primera impresión.

El trabajo del barcelonés pretende fomentar la curiosidad por nuestro entorno de una manera más abierta, como si fuéramos capaces de mirar a cámara lenta y de retener en la memoria cada uno de los fotogramas. Esa irrealidad refleja cómo sería nuestra percepción del mundo si pudiésemos llegar a ver el tiempo sin nuestros límites actuales.

El proyecto aún no está cerrado, por lo que Xavi Bou sigue realizando caminatas, pero esta vez le llevan a parajes algo más lejanos, como Islandia. Allí capta las evoluciones de charranes, frailecillos o fulmares boreales, mudándolas en extrañas serpentinas para seguir asombrando al público.

 

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