Sobre la cubierta de una bodega preexistente en Guimarāes, los arquitectos Andreia Garcia y Diogo Aguiar han levantado una elegante vivienda que se integra discretamente en el paisaje.

La estrategia de partida ha sido limitar estrictamente la intervención al perímetro del edificio original, cuyos muros de piedra son lo suficientemente robustos como para soportar la carga de un nuevo forjado y una obra ligera.

La casa, de una sola planta, se organiza en torno al gran espacio central del salón-comedor, flanqueado por cuatro volúmenes claramente separados. Los espacios entre estos elementos se aprovechan para ubicar la entrada a la vivienda, las ventanas y un amplio balcón, ofreciendo luz y amplias vistas alrededor del solar.

El volumen más grande es el único habitable, el baño, con una amplia ducha a ras de suelo y un lucernario. Otro volumen contiene una cocina empotrada, y los otros dos aportan armarios y una cama doble abatible.

La cubierta plana funde eficazmente todos estos bloques con el espacio abierto del salón y la continuidad de los acabados, en reglas verticales de madera, tanto en el interior como en el exterior, dan una gran coherencia al conjunto.

Cabe destacar en este proyecto la elección de materiales y colores. La ligereza de la madera se asienta bien sobre unos muros primitivos de piedra que ahora parecen actuar a modo de zócalo, mientras que el uso del negro en suelos y techo, una inusual elección en arquitectura doméstica, contribuye a realzar la presencia del paisaje y de la vegetación circundante, creando un ambiente interior de suma placidez.

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