¿Qué más puede decirse de la obra de Alvaro Siza que no se haya dicho ya? El arquitecto que deviene en maestro no es solo el que obtiene amplio reconocimiento o crea escuela, sino también el que hace suyo todo un lenguaje arquitectónico. Así lo demuestra Siza, de nuevo, en sus edificios para el Saya Park en la región surcoreana de Gyeongsang.

En esta ocasión, el maestro portugués ha unido fuerzas con su compatriota para crear este hermoso conjunto de tres piezas arquitectónicas absolutamente singulares, cuidadosamente insertadas en un entorno boscoso de enorme valor medioambiental.

El edificio principal es todo un poema al hormigón armado, un pabellón de arte íntegramente construido en este material y que se bifurca en dos largas galerías de exposición, una rectilínea y otra ligeramente curva, unidas por un patio interior.

Las formas y los recorridos de este edificio son reconociblemente de Siza, con enormes alturas, una gran pureza de líneas y una enorme expresividad tectónica. Se trata de un monolito de hormigón, con impecables encofrados, perforado aquí y allá con incisiones a modo de lucernarios y grandes ventanales hacia el bosque y la topografía circundante.

Más que un espacio diseñado para recorrer obras de arte (el programa tópico del museo) será el arte el que venga a complementar el recorrido de estos espacios, en los que se invita al usuario a recorrer las galerías en un sentido y en otro, volviendo sobre sus propios pasos para entrar y salir del edificio, recorrer su cubierta, su patio interior y sus salidas hacia los caminos de tierra del bosque.

Saliendo de las galerías, se baja andando por el parque hasta llegar a la capilla, un lugar de reposo y meditación. Destaca aquí la fuerte simetría del edificio, el doble frontón del pórtico con el que se recibe al visitante y la cubierta a dos aguas, imágenes todas ellas muy inusuales en la arquitectura eclesiástica de Siza pero que aquí parecen adaptarse bien a la escala más íntima del templo.

El tercer edificio, todavía inacabado, será una torre inclinada de observación, también de hormigón, y desde donde los visitantes podrán gozar de la mejor panorámica posible del lugar.

 

El proyecto, claro, podría haber sido distinto. Pero el que es, lleva la impronta de un maestro.

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