Un cementerio del noroeste de Madrid acoge el primer panteón concebido por el estudio de arquitectura ÁBATON. Fruto del trabajo de sus fundadores –Ignacio Lechón, Camino y Carlos Alonso– y de Marta Hombrados, arquitecta senior del equipo, esta obra espiritual resume a la perfección el estilo de la firma.

Panteon ÁBATON arquitectura Fotografía Juan Baraja

Las líneas puras priman en el proyecto. Con una sencilla cubierta a dos aguas, la robusta construcción de hormigón visto alcanza casi los cuatro metros de altura. Sin embargo, esa rotundidad se equilibra mediante un amplio espacio abierto.

Panteon ÁBATON arquitectura Fotografía Juan Baraja Cementerio Hormigón Diseño

Como apunta Camino Alonso, el panteón se diseñó como «un lugar para recordar momentos de felicidad y mitigar el dolor de una pérdida, donde poder encontrarse con el paso del tiempo, de una manera tranquila y serena». De ahí la elección de materiales naturales como la madera de castaño para el revestimiento interior o el granito, que junto con el hormigón, se embellecen al ir envejeciendo.

Panteon ÁBATON arquitectura Fotografía Juan Baraja Hormigón arquitectónico granito y madera

Un banco frente al columbario invita al recogimiento del visitante, al igual que otros elementos simbólicos, como la cruz «esculpida» en el hormigón, cuyas dimensiones responden a la proporción áurea (o divina). Así mismo, la cimentación retranqueada respecto al volumen principal da la sensación de una pieza flotante que se eleva hacia el cielo.

Panteon ÁBATON arquitectura Fotografía Juan Baraja Banco de castaño

La elección de los árboles ornamentales tampoco se dejó al azar. Un olivo, como alegoría tanto de la paz como de una larga vida, guarda la entrada al panteón, mientras que en la parte posterior la gran cruz troquelada se alinea con un esbelto ciprés, que –siguiendo la tradición mediterránea– resalta con su verticalidad la aproximación de lo terrenal a lo divino.

Además de estos elementos naturales, hay otros detalles, quizá menos evidentes, pero que también narran el paso del tiempo. Así, el encofrado con listones de madera ha dejado en el hormigón la huella imborrable de las vetas, con sus nudos y ondulaciones, lo que representa una sutil metáfora del tránsito.

El estudio madrileño ha sabido crear un espacio abierto e íntimo a la vez, sin artificios, que mantiene la conexión con la naturaleza, logrando un conjunto armónico y emotivo. Algo muy meritorio tratándose de su primer proyecto de carácter plenamente espiritual.

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