Genius Loci es uno de los últimos trabajos de la arquitecta mexicana Gabriela Carrillo, en colaboración con el estudio Tescala. La vivienda, ubicada en la periferia de Monterrey, busca romper las barreras entre el interior y el exterior dando prioridad a los espacios abiertos.

La forma trapezoidal de la parcela dificultaba el diseño, pero como contrapartida el terreno presentaba dos claros alicientes: unas vistas estupendas a las montañas de San Pedro Garza y cuatro grandes nogales sobre los que centrar el proyecto. Así pues, tomando el paisaje como eje central, se planteó una distribución en varios niveles con abundancia de terrazas y vegetación en todos ellos.

La planta baja cuenta con cocina, baño, una estancia familiar, garaje con capacidad para cuatro coches y un salón-comedor rodeado por el patio exterior. La abundancia de acristalamientos de suelo a techo diluye las barreras entre espacios.

El primer piso es la zona destinada al descanso. Tres amplios dormitorios, todos ellos con baño, vestidor y terraza descubierta, priman también los horizontes sin límites. Y sobre ellos, una enorme azotea con zona de asador, comedor para diez personas, solárium, piscina en uno de sus extremos y unas panorámicas envidiables sobre las montañas y la ciudad.

El programa se completa con un pequeño sótano para la maquinaria, que dispone así mismo de lavandería, bodega, baño y cuarto de servicio.

En los 650 m2 construidos hay un predominio de blancos, negros y grises, con abundancia de maderas nobles y mármol. La arquitecta mexicana ha puesto el acento en eliminar al máximo las paredes interiores para lograr áreas diáfanas. La profusión de zonas verdes, repartidas a lo largo de toda la vivienda, y los muros acristalados introducen el jardín en cada una de las habitaciones.

En cuanto a los usos de Genius Loci, el intimismo de la planta baja, donde la penumbra invita al relax y la tranquilidad, tiene su contrapunto en la azotea. Este mirador desenfadado tiene todo lo necesario para que las fiestas con amigos sean un éxito.

Por su parte, la interiorista Norma Rodríguez –de la firma local IAARQ– se ocupó de ambientar la casa con mobiliario cómodo, suaves pinceladas de color y obras de arte contemporáneas.

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