A la hora de abordar un edificio religioso, la sencillez suele ser una gran aliada. Más aún si el paisaje circundante cuenta con árboles centenarios y una belleza natural extraordinaria. En estos casos, es recomendable aliarse con el entorno a través de una arquitectura mínimamente invasiva que ponga en valor las tradiciones locales.

La Capilla Ingá-mirim sintetiza todos estos principios. Situada en la periferia de la localidad de Itupeva, a unos 80 km de São Paulo, se levanta sobre los restos de una hacienda brasileña del siglo XIX.

Fue el estudio paulista messina | rivas quien recibió el encargo de reformar la antigua residencia para convertirla en un espacio religioso para la comunidad. Dado que contaban con una pequeña edificación ya existente, los arquitectos decidieron recuperar sus materiales para rendirle homenaje y brindarle un nuevo uso en medio del campo.

La construcción se llevó a cabo con la colaboración de los hermanos Charles y Carlos, actuales cuidadores de la granja y con experiencia como albañiles. Así pues, la capilla fue tomando forma siguiendo el ritmo de las labores cotidianas: alimentar al ganado, cuidar de los caballos o cortar la hierba.

Se aprovechó la cimentación preexistente, disponiendo dos muros paralelos en su perímetro y un tercero de mayor longitud y perpendicular a los anteriores. Los tres se construyeron con pequeños bloques de piedra recuperados de un viejo camino de acceso a la hacienda. Lejos de compartimentar el espacio, el proyecto prevé amplias zonas de libre paso que comunican de manera diáfana cada corredor en los puntos de cruce.

Además, las paredes no representan auténticas barreras, sino simples trazos sobre el paisaje que se elevan como celosías, aislando solo el área de culto.

Un robusto altar de madera y una cruz definen la religiosidad del lugar con absoluto minimalismo. Más aún si pensamos que todos los ladrillos de esta área proceden de la antigua casa de labor.

No hay, pues, zonas estancas, ni tan siquiera en el techo. Por ello, la capilla Ingá-mirim se adapta a los distintos actos religiosos, ofreciendo a la comunidad espacios de dimensiones y cualidades variadas, ideales para el recogimiento y la oración, pero también para la celebración festiva en plena naturaleza.

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