Uno de los grandes misterios de la Prehistoria sigue siendo el transporte de monolitos. Se ha especulado mucho sobre cómo se las arreglaban las sociedades megalíticas para poder trasladar esas moles de piedra con la rudimentaria tecnología de la que disponían. Monumentos colosales como Stonehenge o los moái de roca volcánica de Isla de Pascua desafían nuestra lógica.

Brandon Clifford, el director de la firma estadounidense Matter Design, intrigado también por esta cuestión, ha logrado poner en marcha un proceso para mover estructuras masivas con ayuda únicamente de las manos de un operario.

En su proyecto «Walking Assembly» consigue armar un rompecabezas entrelazando enormes piezas de hormigón para formar una pared y una escalera lateral al estilo de la arquitectura inca. En total, la escultura pesa casi seis toneladas, pero los bloques individuales pueden rotar y trasladarse sin apenas esfuerzo, simplemente con las manos.

En el diseño de estas curiosas estructuras ha intervenido el laboratorio de investigación de la cementera CEMEX, ubicado en la localidad suiza de Brügg. Cada elemento se concibió para que fuese capaz de rodar y girar pivotando sobre el suelo. Así mismo, se añadieron resaltes y hendiduras en su geometría a fin de encajar unas piezas en otras.

El equipo capitaneado por Clifford se aseguró el movimiento estable y progresivo de los bloques utilizando diferentes densidades de hormigón, además de colocar el centro de masas de cada unidad en el lugar más adecuado. En sus propias palabras, «es como hacer girar una rueda»: se obtiene un movimiento natural en las piezas al combinar el cálculo preciso de ese centro de gravedad con la base curvada de cada elemento. Una vez ocupado su puesto, el peso extra de una pequeña pieza alargada sirve de anclaje para el conjunto.

Aunque el material de partida difiere bastante de los menhires originales, «Walking Assembly» pretende demostrar que es posible elaborar muros de mampostería megalítica sin necesidad de grúas, aparte de ofrecer al público una inesperada diversión estética. Y más allá de un juego experimental, en entornos poco accesibles podría suponer una solución al transporte de estructuras prefabricadas.

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