El Royal Institute of British Architects ha otorgado el premio a la mejor casa del Reino Unido en 2019 a la House Lessans. Situada en la parcela que ocupaba una antigua granja del condado norirlandés de Down, el estudio de arquitectura McGonigle McGrath realizó una brillante puesta al día de diversos elementos locales.

Tanto las formas como los materiales utilizados reflejan el lenguaje rural de la zona: tejados de zinc a dos aguas, patios interiores definidos antaño por gruesas paredes de mampostería o un granero abovedado como referentes creativos.

El equipo trabajó a partir de los restos de la pequeña casa de labranza ya existente para satisfacer las necesidades de una pareja prejubilada y sus hijos, que a veces pasan temporadas con ellos. Se proyectaron dos edificios contiguos de reducidas dimensiones que, formando una L, complementan las dependencias agrícolas vecinas. La suma de todas las áreas representa una superficie interior de 235 m2.

El presupuesto se ajustó a 335.000 libras (1.425 libras por metro cuadrado), por lo que se usaron materiales y métodos de construcción baratos, como paredes de hormigón y grandes ventanales abatibles.

Por su parte, el amplio granero se reutilizó conservando la estructura original. El nuevo tejado curvo que lo remata ahora conecta visualmente con el paisaje ondulado de suaves colinas sobre el que se asienta.

La economía de líneas se ve compensada por una distribución inteligente. Así, un ala de la casa incluye tres dormitorios y un baño, mientras que la segunda, perpendicular, se destina a las zonas comunes, donde destaca el espléndido salón a doble altura. La entrada a la vivienda se colocó entre ambas para que sea un eje desde el que disfrutar tanto del paisaje como de la organización interior de corredores.

Así mismo, los muros bajos distribuidos por todo el recinto delimitan sutilmente espacios y patios interiores sin romper las vistas hacia las praderas. De hecho, en algunos puntos estas rivalizan en altura con ellos.

Los acabados en gris y blanco son sencillos, pero efectistas. Mientras fuera la chapa de zinc descansa ligera sobre la blancura de los muros, en el interior resuena a la inversa: es el techo blanco el que fluye hacia el cielo para agrandar las habitaciones y darles luz. Una luminosidad acentuada por acristalamientos de suelo a techo en puntos estratégicos.

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