El milanés Edoardo Tresoldi vuelve a asombrarnos con Fillmore, su primer trabajo monumental en suelo estadounidense. La obra, creada específicamente para el restaurante Cathédrale del hotel Moxy East Village de Nueva York, es un guiño a la herencia cultural de la ciudad.

En realidad, todo el hotel constituye un homenaje al East Village, un barrio que vio nacer vanguardias artísticas y musicales en la década de los 60 hasta convertirse en todo un faro de la contracultura norteamericana.

Tresoldi se inspiró en la legendaria sala de conciertos Fillmore East, activa desde 1968 hasta 1971. Por el llamado «templo del rock and roll» pasaron Janis Joplin, The Doors, Jimi Hendrix y muchas otras estrellas del momento. Su gran techo abovedado –que le proporcionaba una acústica excelente– es ahora el eje de una enorme escultura suspendida sobre la sala principal de Cathédrale.

El artista de la materia ausente despliega su particular universo de malla metálica a lo largo de una impresionante triple altura de casi 8 metros. Diseñado por el estudio Rockwell Group, el comedor tiene las dimensiones ideales para establecer un contrapunto teatral con los elementos arquitectónicos que evocan tiempos pasados.

La falsa cúpula y los arcos inundan la sala, pero sin agobiar. Los volúmenes esculpidos guardan unas proporciones acordes con su entorno contemporáneo. De esta forma, los comensales tienen la impresión de encontrarse ante un tesoro abandonado, una ruina valiosa que trae ecos de las actuaciones en Fillmore East.

El nivel de complejidad y precisión al que nos tiene acostumbrados Tresoldi es difícil de superar. Aquí va más allá de lo puramente arquitectónico, al crear varios puntos de atención instantánea, como los pilares truncados o el inicio de la cúpula, donde un grupo de pájaros vuela en círculo. Esta es la única concesión al movimiento, que aunque atrapado, proporciona una agradable agilidad al conjunto.

El artista italiano juega también con las perspectivas para que el espectador reciba sensaciones e imágenes diferentes en función de su posición en el restaurante. A su vez, la iluminación resulta esencial para aumentar el efecto dramático de las ruinas transparentes. Y los grandes lienzos azul cobalto acentúan todavía más la teatralidad de esta nueva «catedral» gastronómica de Manhattan.

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