Volubilis, la antigua ciudad romana situada cerca de la actual Meknes, es el yacimiento arqueológico más importante de Marruecos. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, cuenta con los restos romanos –foro, arco, templos, mosaicos– mejor conservados del norte de África.

Preservar toda esa herencia cultural requería construir un museo que mostrara a los visitantes la relevancia de este puesto avanzado del Imperio. El proyecto corrió a cargo del estudio parisino Kilo Architectures (hoy O+C), fundado por Tarik Oualalou y Linna Choi.

La ausencia de desarrollo urbano en el entorno de las ruinas dificultaba la misión. El terreno presentaba un aspecto muy similar al de la época romana, por lo que cualquier intervención iba a suponer un impacto visual sobre los restos arqueológicos. Así que se optó por un diseño mínimamente invasivo, con una huella contemporánea muy limitada.

Se aprovechó una pendiente de la antigua ciudad como talud para escamotear buena parte del programa: una estrecha franja de ocho por doscientos metros con volúmenes de madera suspendidos y sumergidos a lo largo de un muro de contención que se integra en el paisaje. De esta forma, semioculto en la colina por el relieve y la vegetación, el museo no resta protagonismo a los vestigios del pasado, a pesar de levantarse junto a la muralla romana que protegía la ciudad.

La continua alternancia de espacios llenos y vacíos aligera una estructura que emerge y desaparece, como una alegoría moderna de las ruinas. De hecho, el centro de interpretación sustituye a su vez a las viejas edificaciones coloniales instaladas por los franceses durante las diferentes campañas de excavación.

Respecto a los materiales, se empleó cedro del Atlas para recubrir de listones cada uno de los volúmenes del museo, y piedra de Volubilis en suelos y escalinatas. Ese guiño al paisaje local tiene su contrapunto en los rotundos armazones de hormigón visto. Una propuesta con cierto aire brutalista matizado por paredes acristaladas y las huellas de la madera sobre los encofrados.

El centro, inaugurado en 2013, constituye un aliciente extra para adentrarse en un enclave milenario que atrae una media de más de 200.000 personas al año.

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