Esta intervención, ejecutada hace ya más de quince años en un pueblo de la provincia de Palencia, nos sigue llamando la atención por su sorprendente y atrevido planteamiento, originalidad en el programa y radicalidad en las soluciones materiales empleadas.

Jesús Castillo Oli es el arquitecto artífice del proyecto, caracterizado en el desarrollo de su oficio por una interesante investigación de lo sensorial, trascendiendo los límites tradicionales de la disciplina e integrando en su desarrollo arquitectura, interiorismo y diseño en busca de un resultado final que no deja indiferente.

La intervención parte de la idea de hacer habitable una construcción ya existente, en estado de ruina, con la premisa de actuar dentro de unos espacios en bruto mediante una intervención aparentemente mínima, pero muy meditada y potente, que pusiera en valor el aspecto inacabado, incompleto de lo que ya existía. Conseguir la percepción de “estar habitando una ruina”.

Se añaden así elementos de gran significado material (vidrio, acero, madera, ladrillo) que resuelven el problema de hacer el espacio habitable, evidenciando a la vez la precariedad de lo ya construido, que permanece congelado en el tiempo, conservando el aspecto de inacabado, de ruina.

El resultado es esta singular “casa de autor” de 115 m2 de superficie en que contrasta de manera espectacular una fachada exterior aparentemente pobre con un interior contemporáneo, abierto y luminoso, de gran amplitud, cuya zona de estar (de doble altura) se abre mediante una fachada completa de vidrio a un patio interior que funciona como ámbito de acceso a la vivienda a la vez que se integra visualmente en ésta.

El patio, tratado al modo del “engawa” japonés, en cuanto a que funciona como tránsito entre el exterior y el interior, aporta calma y sosiego a la intervención.

Se decidió desplazar las carpinterías exteriores que atraviesan la fachada a un plano distinto del cerramiento, ocultando los marcos, que no son perceptibles desde el interior. Aparecen así, a modo de cajas de acero cortén en el exterior, con la idea de que los óxidos que desprendan, al ensuciar la fachada, contribuyan al aspecto de abandono que se pretende conseguir.

 

 

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